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Otitis infantil no es sinónimo de antibiótico


Los dolores de oídos en los niños son una de las causas más frecuentes de consulta al pediatra o en urgencias y es muy habitual que sean tratados con antibióticos, la mayor parte de las veces innecesarios, como si de una otitis bacteriana se trataran o por si llegara a serlo.

Un estudio publicado recientemente en la prestigiosa revista The New England Journal of Medicine, en el que se afirma que el tratamiento prolongado de las otitis en menores de dos años es mejor que el corto, reabre el tema. Sorprende porque le da la vuelta a lo que se venía admitiendo como tendencia en otros estudios, que es el uso durante periodos más cortos de tiempo como mejor pauta en los antibióticos. Harán falta más estudios y más completos, en los que se afine más sobre qué es una otitis bacteriana y cuál es su diagnóstico, para cambiar los patrones de tratamiento, pero en la actualidad podemos decir que hay dos grupos de edad donde las cosas cambian y mucho.

En los mayores de dos años, se acepta que casi el 80% de los dolores de oído ceden en unas horas sin más tratamiento que el calmante, y por tanto no precisan de antibióticos ni ninguna otra intervención. El 20% restante serán otitis la mayor parte de las veces virales, que tampoco necesitarían medicación antibacteriana, sino los cuidados habituales y calmantes necesarios al ser un dolor muy intenso en los niños. Solo un porcentaje de ese 20% será bacteriano y aunque también curará solo en unos días, se beneficiará y mucho de un buen tratamiento adecuado con antibióticos, con un espectro lo más ajustado al germen que se sospecha. Acortará el tiempo de duración y de dolor. Otra cosa ocurre en los menores de dos años, mes arriba, mes abajo, según el estudio citado, aquí sí que las bacterias podrían tener más protagonismo por el especial estado inmunológico inmaduro del lactante y necesitaría más uso de antibiótico y por tiempo más prolongado.

El buen uso de los antibióticos repercute no solo en la mejoría del peque, sino que su adecuada elección evitará efectos secundarios indeseables. Sin embargo, es muy frecuente que en consulta o urgencia, al menos en España, el niño salga con tratamiento de amplio espectro puesto, lo más amplio posible por si acaso…, no sea que… Esto provocará con facilidad problemas digestivos, diarreas y náuseas que podríamos evitar si el tratamiento fuera más ajustado a lo que se necesita. Es el viejo dicho de matar moscas a cañonazos, como pone de evidencia un reciente estudio según el cual los niños españoles hasta los tres años reciben un 49% más de antibióticos que los alemanes. No hay por qué usar una potencia desmesurada en el tratamiento de un proceso que hoy en día y en nuestro medio, en la calle (no en ingresados en hospital), se produce por gérmenes no especialmente agresivos. Si hacemos un barrido con una droga demasiado potente, damos paso a que gérmenes más violentos sobrepasen ese antibiótico, necesitando para eliminarlos aumentar mucho más la ponencia del tratamiento y pudiendo encontrarnos con las superbacterias de muy difícil manejo.

Hay que tender a un uso mucho más racional de los medicamentos y sobre todo de los antibióticos, delimitando y mucho cuándo son necesarios y cuándo no. Asegurar el diagnóstico por los síntomas de sospecha y no tratar a todos por si las moscas. Un menor de dos años con fiebre y ambos tímpanos abultados a punto de explotar sería candidato a tratar, pero si no hay estos síntomas o es un crío mayor, quizás habría que ser mucho más prudente y dar un par de días de evolución antes de indicar un tratamiento y sus consecuencias.

Está muy incrustado todavía en la creencia popular que sin antibióticos uno no se cura, y todavía se piden para dolores de garganta, catarros, mocos verdes, bronquitis o bronquiolitis y otros procesos infantiles que no los precisan. Las farmacias ya no deberían dispensarlos sin receta, conscientes del problema, y deberíamos ser los pediatras y los urgenciólogos los que fuéramos todavía más estrictos y afináramos más en la indicación. Sobre este tema ya publiqué en este medio otro artículo y pronto volveré a publicar otro y luego otro allá donde me admitan. Porque es un tema sobre el que debemos concienciarnos: las resistencias bacterianas y los efectos secundarios indebidos son más que los beneficios probables o dudosos de una medicina defensiva o basada en el miedo.


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