Once horas que elevan a València a puerto de la humanidad

Once horas que elevan a València a puerto de la humanidad

Televisiones de medio mundo, han vuelto a girar en las últimas horas su mirada sobre la dársena del puerto de València. Una década después de los grandes fastos de la Copa del América y la Fórmula 1, la fachada marítima valenciana emerge para poner la ciudad otra vez en el mapa, ahora comofaro de la solidaridad y la humanidad. Todo un símbolo.

Un icono también del cambio político experimentado estos tres años en la Comunitat Valenciana y en las últimas semanas en el Gobierno de España, que ha auspiciado la operación humanitaria.

Una acción que ha despertado el interés de 140 medios de comunicación (procedentes muchos de ellos de países europeos, además de China o Estados Unidos) y que ha puesto al operativo Esperanza Mediterránea desarrollado ayer en València durante once horas, en los informativos de la grandes cadenas.

Una operación de rescate que comenzó a gestarsehace ocho días cuando Malta e Italia se negaron a abrir sus puertos para socorrer a los náufragos recogidos en las costas libias por el «Aquarius», un barco de la oenegé francesa SOS Méditerranée que ha completado la travesía hasta València con el apoyo de Médicos sin Fronteras.

Una crisis humanitaria que ha removido conciencias en toda Europa y ha desatado en València una ola de solidaridad pocas veces vista, que ha permitido formar en unos días un despliegue de 2.300 personas entre voluntarios, personal sanitario, policías o traductores.

Solo Cruz Roja movilizó ayer a más de un millar de voluntarios y hasta una decena de conductores del transporte público valenciano se ofreció para prestar su colaboración en un operativo en el que han participado además observadores internacionales, según remarcó el subdirector general de la Agencia Valenciana de Seguridad, Jorge Suárez.

La operación se inició de madrugada. El puerto de València recibe con una gran pancarta en varios idiomas. Escrita en femenino: «Bienvenidas a vuestra casa».

Hay cifras que hablan por si solas de la magnitud de la tragedia que se vive en las costas libias. Uno de cada seis de los inmigrantes que llegó ayer a València es un menor. La mayoría no viaja acompañado (123 de 630), once de muy corta edad. Siete embarazadas van en el pasaje. La mayoría de las heridas no son físicas. Son psicológicas, anuncia un experto.

El primer inmigrante de la flotilla que pisa suelo valenciano se llama Jack. Tiene 29 años, proviene de Sudán del Sur y ha sido víctima de abusos por parte de las mafias que trafican con personas. En total llegan a València inmigrantes de 31 países, la mayoría africanos: Sudán, Argelia, Eritrea y Nigeria, y una representación minoritaria de países asiáticos, como Afganistán y Pakistán. Cada uno de ellos tiene una historia.

Y muchas son realmente dramáticas. Desgarradoras. Los cooperantes de SOS Mediterranée y de Médicos Sin Fronteras empiezan a relatarlas. Les han contado su huida de la guerra y la miseria y también que en su travesía por el estado fallido de Libia se han encontrado con violaciones, torturas y extorsión.

Algunos llegan a València después de meses de viaje desde que salieron de su país y decidieron lanzarse al mar. Buena parte de los supervivientes del «Aquarius» fueron sacados literalmente del mar a punto de ahogarse en las costas de Libia.

Uno de ellos tenía ya agua en los pulmones cuando fue subido a bordo. Ayer estaba exultante a su llegada a Valencia. «Son personas que no viajan, sino que huyen de sus países», cuenta el presidente de Médicos Sin Fronteras (MSF) España, David Noguera.

Pero si el gesto humano de la ciudad de València y del Gobierno de España de acogerlos ha tenido una gran impacto en el mundo (con cerca de 700 periodistas acreditados en el puerto y apostados a más de 200 metros de los inmigrantes para garantizar su privacidad), la operación humanitaria es de amplio recorrido porque sitúa en el centro del debate político en Europa la necesidad de abordar con altura de miras el drama de los miles de seres humanos que encuentran la muerte en el Mediterráneo cuando busca un futuro.

Que el ejemplo de solidaridad que ha dado la ciudad de València ha tenido repercusión en el mundo lo demuestra que ayer mismo miles de personas se manifestaran en París en favor de los inmigrantes llegados a València.

El permiso se eleva a 45 días

El debate político no solo se ha abierto en Europa. También en España aunque en este caso sobre el estatus que se otorga a los integrantes del «Aquarius».

Si el de refugiados por la excepcionalidad del rescate como defendía la vicepresidenta del Consell, Mónica Oltra, o con la aplicación directa de la Ley de Extranjería que varios ministros del Gobierno de Sánchez apuntaron en los primeros días de la operación.

Finalmente se ha optado por una vía intermedia, un permiso excepcional que ayer el Gobierno amplió de los 30 días iniciales que el sábado anunció el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, a los 45 días de estancia legal en España comunicado en el puerto uno a uno a los 630 inmigrantes.

Quince días más que el plazo habitual y tras los cuales los integrantes del «Aquarius» tendrían que regularizar su situación según la situación de cada uno bajo la aplicación de la Ley de extranjería.

Hasta entonces, todos los inmigrantes estarán tutelados por ONG y por parte del Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social. Podrán ir a Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) los que no cumplan con ningún requisito para residir en España por lo que se les abrirán procedimientos para devolverlos a su país.

Además, tampoco descartaban ayer las autoridades españolas que algunos de ellos sean internados en CIE si tienen antecedentes penales o prohibición de entrada en el territorio.

Además, los migrantes que cumplan los protocolos y así lo deseen podrán viajar a Francia, un gesto anunciado ayer por el Gobierno francés y que el presidente español, Pedro Sánchez, agradeció al jefe del Estado francés Emmanuel Macron.

Protesta contra los CIE

Mientras, el colectivo «CIEs No» concentrado ayer en el puerto de València aseguró que los centros de internamiento son espacios donde reina la opacidad, la arbitrariedad y la impunidad y se vulneran derechos fundamentales. Su portavoz, Gema Síscar aseguró que no permitirán que los migrantes del Aquarius puedan entrar en un centro de internamiento. Las Corts Valencianes ya aprobaron una resolución contra estos centros de internamiento.

Fuente: Levante-EMV

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