Ocho cantantes y una bailarina acusan a Plácido Domingo de acoso sexual

Ocho cantantes y una bailarina acusan a Plácido Domingo de acoso sexual

Primeras consecuencias del escándalo de Plácido Domingo. La Orquesta de Filadelfia ha cancelado la actuación del tenor español prevista para el próximo 18 de septiembre dentro del concierto de inauguración de temporada, tal y como ha confirmado la institución.

La orquesta ha confirmado que “retira su invitación” a Domingo tras conocerse las acusaciones de nueve mujeres contra el tenor por acoso sexual. La Orquesta de Filadelfia ha adelantado además que los cambios en el programa y los nuevos artistas se anunciarán más adelante.

“Estamos comprometidos en ofrecer un ambiente seguro, respetuoso, colaborativo y apropiado para la orquesta y sus miembros, así como para los artistas invitados, compositores y nuestros espectadores”, ha señalado en un comunicado.

La anulación se produce después de que nueve mujeres del mundo de la ópera confesaran a la agencia The Associated Press que durante tres décadas fueron acosadas sexualmente por Plácido Domingo en encuentros que se produjeron en lugares como la Ópera de Washington, la Ópera de Los Ángeles y otros famosos teatros.

Durante años, Domingo, uno de los hombres más célebres y poderosos de la ópera, ha tratado de presionar a las mujeres para que entablasen relaciones sexuales ofreciéndoles trabajos y, a veces, castigando a las mujeres profesionalmente cuando rechazaban sus proposiciones, han asegurado varias de ellas a la agencia.

Considerado como uno de los mejores cantantes de ópera de todos los tiempos, Domingo también es un director prolífico y director de la Ópera de Los Ángeles. El ganador múltiple del Grammy es una figura inmensamente respetada en su mundo enrarecido, descrito por sus colegas como un hombre de prodigioso encanto y energía que trabaja incansablemente para promover su forma de arte.

Portentosa carrera

A los 78 años, Domingo todavía atrae multitudes en todo el mundo y continúa sumando a los 150 papeles que ha interpretado en más de 4.000 actuaciones, más que cualquier otro cantante de ópera en la historia.

Pero sus acusadoras y otros en la industria dicen que hay un lado oscuro de Domingo, uno que dicen que ha sido un secreto a voces en el mundo de la ópera.

Ocho cantantes y una bailarina han explicado que fueron acosadas ​​sexualmente por la superestrella en encuentros que tuvieron lugar durante tres décadas a partir de finales de los 80. Una de las mujeres ha explicado que Domingo le pasó la mano por la falda y otras tres dijeron que las forzaba a besos húmedos en la boca, en un vestidor, en una habitación de hotel, en una reunión…

“Tener un almuerzo de negocios no es extraño”, ha relatado una de las cantantes. “Alguien que intenta sostener tu mano durante un almuerzo de negocios es extraño, o poner su mano sobre tu rodilla es un poco extraño. Siempre te estaba tocando de alguna manera y siempre te besaba”, ha contado.

Más denuncias

Además de las nueve acusadoras, media docena de otras mujeres también contaron a la agencia que se sintieron incomodadas por las sugerencias de Domingo, incluida una cantante que dijo que la invitó a salir repetidamente después de contratarla para que cantara una serie de conciertos con él en los 90.

La agencia de noticias también ha hablado con casi tres docenas de otros cantantes, bailarines, músicos de orquesta, miembros del personal detrás del escenario, profesores de voz y un administrador que dijeron que presenciaron un comportamiento sexual inapropiado de Domingo y que persiguió a las mujeres más jóvenes con impunidad.

Comunicado del tenor

Domingo no ha respondido a las preguntas de AP sobre estas graves acusaciones, pero ha emitido una declaración: “Las acusaciones de estas personas no identificadas que datan de hasta 30 años son profundamente preocupantes y, como se presenta, inexactas”.

Placido Domingo: “Es doloroso escuchar que pude haber molestado a alguien o haberle hecho sentir incómodo, sin importar cuánto tiempo hace ya”

“Aún así, es doloroso escuchar que pude haber molestado a alguien o haberle hecho sentir incómodo, sin importar cuánto tiempo hace ya pesar de mis mejores intenciones. Creía que todas mis interacciones y relaciones siempre eran bienvenidas y consensuadas. Las personas que me conocen o que han trabajado conmigo saben que no soy alguien que intencionalmente dañaría, ofendería o avergonzaría a nadie”, prosigue el artista en su nota.

“Sin embargo, reconozco que las reglas y estándares por los cuales somos, y debemos ser medidos hoy, son muy diferentes de lo que eran en el pasado. Tengo la suerte y el privilegio de haber tenido una carrera de más de 50 años en la ópera y me mantendré en los más altos estándares”, concluye Domingo.

Siete de las nueve mujeres que lo acusan le han contado a AP que sienten que sus carreras se vieron negativamente afectadas después de rechazar las propuestas de Domingo, y algunas han explicado que los papeles que les prometió nunca llegaron a materializarse.

Patricia Wulf, una de las denunciantes

Solo una de las nueve mujeres que han acusado al tenor ha accedido a dar su identidad. Se trata de Patricia Wulfuna mezzosoprano que cantaba con Domingo en la Ópera de Washington. Las otras han pedido no dar su nombre, ya que aún se dedican a la ópera y temen represalias o ser humilladas públicamente e incluso acosadas.

Wulf asegura que tiene un testigo que puede corroborar sus acusaciones. “Mi relato de lo que ocurrió es exacto”, dijo a Efe Wulf, de 61 años, quien en su currículo asegura haber cantado “en múltiples ocasiones” con Plácido Domingo en la Ópera Nacional de Washington, institución de la que el cantante español fue también director artístico y director general. “Tengo un testigo que respaldará esto”, añadió la artista retirada, quien excusó dar más detalles del caso porque, dijo, “es muy difícil hablar de ello”.

En una entrevista de tres a cuatro horas con la agencia Associated Press, Wulf señaló que “cada vez que salía del escenario” Domingo la esperaba, se le acercaba mucho y en un susurro le decía: “‘¿Patricia, tienes que marcharte a casa esta noche?”.

“Doy el paso adelante ahora porque espero que pueda ayudar a que las mujeres hablen públicamente o que sean suficientemente fuertes como para decir ‘no'”, declaró a AP Wulf, quien aseguró que, tras numerosos incidentes de acoso, en 1991 accedió a tener relaciones sexuales con Domingo.

Llamadas intempestivas

Las historias de las acusadoras presentan patrones de comportamiento sorprendentemente similares que incluyen a Domingo contactándolas constantemente, a menudo llamándolas repetidamente en su casa a altas horas de la noche, expresando interés por sus carreras e instándolas a que lo conocieran en privado, quedando para tomar una copa o a comer, en su apartamento, o en su hotel, con el pretexto de ofrecer asesoramiento profesional.

Ninguna de las mujeres ha podido presentar pruebas, como mensajes telefónicos, pero la agencia AP ha hablado con con muchos colegas y amigos en quienes confiaban. Además, AP ha verificado independientemente que las mujeres trabajaban donde han dicho que trabajaban y que Domingo coincidió con ellas en esos teatros.

Dos de las mujeres han explicado que decieron brevemente a las proposiciones de Domingo, presionadas porque sintieron que no podían arriesgarse a poner en peligro sus carreras si decían que “no” al hombre más poderoso de su profesión.

Una de ellas recordado que tuvo relaciones sexuales con él dos veces, en el hotel Biltmore en Los Ángeles. En una ocasión, cuando Domingo se fue para irse a actuar, le puso 10 dólares en el tocador y le dijo: “No quiero que te sientas como una prostituta, pero tampoco quiero que tengas que pagar para hospedarte”.

Advertencias de su entorno

Muchas de las mujeres que lo acusan explican que sus colegas les advirtieron repetidamente que nunca se quedaran solas con Domingo, ni siquiera en un ascensor. Si se quedaban a comer con él, les aconsejaban que no bebieran alcohol, y que tuvieran las reuniones, almuerzos o cenas, en un lugar público.

Todas las mujeres eran por aquel entonces jóvenes y empezaban sus carreras.

Varias de ellas han explicado que llegaron a tomar medidas extremas para evitar a Domingo, como dejar de usar el baño de mujeres cerca de su oficina, pedirles a otros cantantes o al personal del ‘backstage’ que se quedaran con ellas mientras estaban en el trabajo y que no cogieran el teléfono en casa.

La bailarina llamó a su técnica para evitar al tenor ‘la sacudida y el tejido, la risa y la salida’, y otra soprano la calificó como “caminar sobre la cuerda floja”.

La influencia de Domingo en el mundo de la ópera es tan grande que Wulf fue la única persona entre las docenas con las que ha hablado AP que ha dado la cara. Otros han hablado de mala gana, temiendo represalias o con miedo a infligir daños colaterales en la propia industria.

Impulsadas por el #Metoo

Pero, en última instancia, quienes finalmente han hablado con la agencia han admitido que lo han hecho envalentonados por el movimiento #MeToo y por creer que la forma más efectiva de atacar la mala conducta sexual arraigada en su industria era señalar el comportamiento de la figura más prominente de la ópera.

“Hay una tradición oral de advertir a las mujeres contra Plácido Domingo”, ha confesado una mezzo-soprano que trabajó en LA Opera, pero que no figura entre las nueve acusadoras. Ella también tuvo en cuenta el consejo: “Evite la interacción con él a toda costa. Y definitivamente no te quedes a solas con él”.

“En el mundillo era habitual el consejo: ‘Evite la interacción con él a toda costa; no te quedes a solas con él”

Una de las denunciantes

La mezzo-soprano de 28 años

Otra mezzo-soprano que es una de las acusadoras tenía 23 años y cantaba en el coro de LA Opera cuando conoció a Domingo en 1988.

Durante un ensayo de ‘Tales of Hoffman, fue seleccionada para besar a Domingo en una escena de orgía. Ella ha rememorado haber limpiado su saliva de su rostro de un beso descuidado y húmedo después de lo cual él le susurró al oído: “Ojalá no estuviéramos en el escenario”.

Después de ese incidente, Domingo comenzó a llamarla a su casa con frecuencia, aunque no le había dado su número. Él le dijo que era una cantante talentosa con un futuro prometedor y que quería ayudarla.

“Todavía no había comenzado mi carrera. Estaba completamente halagada. Y emocionada”, cuenta. “Entonces fue más espeluznante, decía cosas como: ‘Ven a mi apartamento. Cantemos algunas arias. Te daré clases. Me gustaría saber qué puedes hacer para el cásting”.

En el transcurso de los siguientes tres años, recuerda, él era incómodamente cariñoso, deslizaba la mano por su cintura cuando se la cruzaba entre bastidores o la besaba en la mejilla cerca de la boca.

‘El Rey de la Ópera’

Domingo fue consultor artístico en LA Opera en la década de 1980, cuando su fama se hizo planetaria. La revista ‘Newsweek’ lo apodó ‘El Rey de la Ópera’ en una historia de portada de 1982 y apareció en programas de televisión populares como ‘Sesame Street’, donde un personaje, Plácido Flamingo, fue presentado por él mismo. Su colaboración en los ‘Tres Tenores’, con Luciano Pavarotti José Carreras, produjo la grabación clásica más vendida de todos los tiempos.

En lugar de ofender a Domingo y arriesgarse a perder futuras asignaciones, la mezzo-soprano asegura que trató con todas sus fuerzas evitar estar a solas con él, mientras se esforzaba por no ofenderle. Pero él no entendió la indirecta, recuerda, y reanudó su persecución cada vez que ella volvía a Los Ángeles.

“Me asusté y seguí sin contestar el teléfono. Me estuvo llamando hasta las tres de la madrugada”

Mezzo-soprano que acusa al tenor

Una noche, cuenta a la agencia, aceptó reunirse con Domingo alrededor de las once de la noche. “Luego tuve un ataque de pánico en toda regla. Me asusté y seguí sin contestar el teléfono. Me estuvo llamando hasta las tres de la madrugada”.

Ella asegura que no le explicó a nadie lo que hacía el tenor porque “eso simplemente no se hacía”, y también porque temía que cualquier paso en falso podría arruinarle la carrera.

Los demás cantantes y administradores “sonreían y se encogían de hombros”, asegura. “Todos me veían corriendo para evitarle. Se reían… todos lidiaron con Plácido”.

Un miembro del personal de detrás del escenario también ha corroborado que la perseguía “de una manera que ella no quería. Todos éramos conscientes de eso”. Y otro cantante y amigo le ha contado a AP que recordaba cómo la cantante buscó su consejo sobre cómo sobrellevar la situación.

La mezzo-soprano recuerda que se preparaba mentalmente para el regreso de la estrella a Los Ángeles. “Solía ​​armarme de acero cuando estaba en la ciudad, pensando: ‘¿Voy a ser el objetivo o no? ¿Qué le diré cuando me pregunte de nuevo? ¿Cómo voy a salir de eso?”

“Me rendí y me acosté con él”

En 1991, ella cuenta: “Finalmente me rendí y me acosté con él. Se me acabaron las excusas. Fue como, ‘OK, supongo que esto es lo que tengo que hacer'”.

Asegura que tuvo relaciones sexuales con Domingo en dos ocasiones, en el Biltmore y en su apartamento de Los Ángeles.

Relata también que la superestrella le explicó su “superstición de que tenía que estar con una mujer antes de un espectáculo” para ayudarle a relajarse y calmar sus nervios.

“Tiene la superstición de que estar con una mujer antes de un espectáculo le ayuda a relajarse y calmar sus nervios”

“Cantaré mejor, y todo será gracias a ti”, asegura que le confesó antes de depositar los 10 dólares sobre la cómoda del hotel.

Tras ese segundo encuentro, cortó sus contactos físicos, algo que, asegura, hizo descarrilar su carrera en LA Opera.

“No tengo ninguna pistola humeante”, dice, pero “alguien que me llamaba y trataba de verme todos los años, cada vez que estaba en la ciudad, y luego nunca más volver a contactarme ni volver a contratarme es bastante conveniente”, sentencia, hablando de cómo devino su declive.

“¿Cómo le dices no a Dios?”

LA Opera anunció en 1998 que Domingo se convertiría en su director artístico, después de trabajar durante años como consultor de la compañía. 

Una joven cantante que conoció a Domingo en un ensayo ese año cuenta cómo inmediatamente comenzó a llamarla a su casa.

“Él decía: ‘Voy a hablar contigo como el futuro director artístico de la compañía'” y discutir posibles roles para ella, rememora. “Entonces él bajaba la voz y decía: ‘Ahora voy a hablar contigo como Plácido'”, le pedía que se encontrara con él, para tomar una copa en Santa Mónica, para ver una película, para venir a su apartamento para que él pudiera cocinarle el desayuno…

Durante una de sus frecuentes visitas sin invitación al camerino, se inclinó para besarle las mejillas y le colocó una mano en el costado del pecho.

Desde el principio, la cantante, que tenía 27 años y estaba en los inicios de su carrera, asegura que se sintió aterrorizada y atrapada.

“Estaba totalmente intimidada y sentía que decirle que no a él sería decirle que no a Dios. ¿Cómo le dices no a Dios?”, señala.

A medida que las llamadas se hacían más frecuentes, ella dejó de cogerle el teléfono. En persona le decía que estaba ocupada, estaba cansada, tenía una audición, que estaba casada… Ella recuerda cómo en una ocasión Domingo le dijo: “Es una pena que su esposo no entienda su carrera”.

Después de una actuación, la cantante explica que fue a su casa y contestó el teléfono. Su corazón se hundió cuando escuchó la voz de Domingo. Le dijo que tenía champán y le preguntó si podía venir a buscarla para que celebrasen la actuación. En ese momento, recuerda, le sobrevino “una sensación de fatalidad inminente”, de que “no iba a tener una carrera en la ópera si no me rendía”. Por eso aceptó de mala gana.

“Me recogió en su BMW y me subí al auto con él. Él estaba muy emocionado. Me estaba tocando la rodilla. Pensé en actuar para poder vivir conmigo misma”, dijo. Fueron a su apartamento cerca del Pabellón Dorothy Chandler de la ópera, donde esperaba el champán.

“Estábamos sentados en el sofá y en algún momento, él comenzó a besarme”, recuerda. Luego la llevó a una habitación donde le quitó la ropa y luego se desnudó. “A tientas” se acariciaron.

Domingo continuó persiguiéndola en los días y semanas posteriores, dice, llamándola sin cesar. “Me sentí presa. Sentí que estaba siendo cazada por él”, admite.

Finalmente, le dijo que las llamadas debían acabar, que estaba casada.  “Empecé a dudar de mi propio talento y habilidades”, asegura.

El esposo de la cantante ha confirmado a la agencia AP que su mujer le contó entonces que Domingo la llamaba persistentemente y que “eventualmente le hacía proposiciones”. Su marido le dijo “que la única forma de salir de aquello era ceder, o darle un fuerte no y abandonar todas las preocupaciones de su carrera”.

Nervios y pérdida de peso

Una amiga y colega de esta cantante ha confirmado a la agencia que recordaba cómo ella le contó que el tenor la inundaba a llamadas ignorando sus peticiones de que cejara en su empeño. La cantante empezó a perder peso y empezó a tener problemas de nervios, ha recordado su amiga.

“Fue como ver a alguien al que estaban asesinado psicológicamente”, relata su amiga. “Se hizo más y más pequeña como persona”.

La cantante asegura que una vez que Domingo tomó el control de las decisiones de casting en LA Opera, nunca más la contrató.

Ahora, con 49 años y jubilada, dice que la acechan sus miedos por haberse sometido a Domingo.

“¿Tienes que ir a casa esta noche?”

Patricia Wulf, otra mezzo-soprano que trabajó con Domingo, recuerda la misma pregunta que le susurraba noche tras noche. “Cada vez que salía del escenario, él estaba en las alas esperándome” (…) “Se acercaba a mí, lo más cerca posible, ponía su rostro en mi rostro, bajaba la voz y decía: ‘Patricia, ¿tienes que irte a casa esta noche?'”.

Al principio, recuerda, que se reía nerviosamente con los comentarios de Domingo, a pesar de que los consideraba ofensivos. Pero cuando él siguió insistiendo, ella le dejó claro su posición.  “¡Yo diría que sí! Tengo que irme a casa esta noche. Y me iba”, asegura.

Era 1998 y la carrera de Wulf despegaba en la Ópera de Washington, donde Domingo fue director artístico de 1996-2003 y director general de 2003-2011.

Había sido contratada para hacer dos papeles solistas ese año, primero en una producción de ‘La flauta mágica’ y más tarde en ‘Fedora’, protagonizada por Domingo y la gran soprano italiana Mirella Freni. La oportunidad de trabajar con cantantes tan famosos fue un punto culminante en su carrera, explica, pero la experiencia se convirtió rápidamente en una pesadilla.

“Se acercaba a mí, lo más cerca posible, ponía su rostro en el mío, bajaba la voz y decía: ‘Patricia, ¿tienes que irte a casa esta noche?'”

Patricia Wulf

Mezzo-soprano

En una entrevista en su casa en Virginia, Wulf, que ahora tiene 61 años, contiene las lágrimas mientras relata cómo, después de invertir años entrenando su voz, finalmente llegó al gran escenario, solo para encontrarse con una situación que no sabía cómo manejar.

“Tienes que entender que cuando un hombre tan poderoso, es casi como Dios en mi negocio, cuando se acerca tanto y dice eso, lo primero que te pasa por la mente es ‘¡¿Qué ?!’

“Pero”, agrega, “también piensas que tan pronto como te alejas y te alejas, piensas: ‘¿Acabo de arruinar mi carrera?’ Y eso continuó durante toda la producción”.

Wulf recuerda cómo Domingo la perseguía.

“Llegué a un punto en el que salí del escenario e intenté deslizarme detrás de un pilar, y él aun encontraba la manera de llegar a mí”, dice. A menudo él llamaba a su camerino sin ser invitado, y Wulf recuerda que le daba miedo salir de la habitación por si se lo encontraba en el pasillo. “Abría la puerta y echaba un vistazo para ver si estaba allí. Si lo veía, me esperaba”, dijo.

Wulf dice que llevó a su esposo, Richard Lew, a la fiesta del estreno de ‘La flauta mágica’, y recuerda cóm Domingo “se acercó”, la cogió de la mano, le besó las mejillas y le susurró al oído:” Me gustaría conocer a mi rival”.

Lew le ha contado a AP que después de cada actuación le preguntaba a su esposa: “¿Ha pasado otra vez?, ¿te ha dicho lo mismo?”. Ella cuenta que no hacía falta ni contestar, se podría decir por lo molesta que estaba.

Wulf ha recordado la compasión de un colega que se ofreció a defenderla si lo denunciaba. “No lo van a despedir, me van a despedir”, recuerda que le contestó.

Contactado por la agencia, el excolega corrobora la incomodidad de Wulf y que él le ofreció acompañarla en coche si temía ir sola.

Wulf asegura que Domingo no la tocó físicamente, pero que no había duda de sus intenciones.

“Absolutamente y ciertamente, eso fue acoso sexual”, dice. “Cuando un hombre se acerca tanto a ti y con una sonrisa irónica te pregunta si tienes que irte a casa, repetidamente, no puedes llegar a otra conclusión sino que él quiere acostarse contigo. Especialmente dada su reputación con este tema”.

“Afectó a la forma en que traté con los hombres durante el resto de mi carrera operística y el resto de mi vida”, agrega Wulf, que asegura que habla ahora porque el silencio sobre lo que llamó el “secreto bien conocido” del comportamiento de Domingo se ha prolongado demasiado“Estoy dando un paso adelante porque espero que pueda ayudar a otras mujeres a presentarse, o ser lo suficientemente fuertes como para decir que no”, dice.

“Estaba congelada por el miedo”

Otra cantante que trabajó en Los Ángeles a mediados de la década de 2000 le ha explicado a AP que ella ya conocía la reputación de Domingo cuando él se interesó mucho en su carrera. Se aseguró de tener siempre una excusa para irse justo después del trabajo.

“Al principio, no tenía miedo. Pensé que podría manejarlo”, cuenta, señalando que él era persistente pero no físicamente agresivo.

Pero una noche después del ensayo, la cogió desprevenida, dice ella, pidiéndole que lo llevara a casa.

A mitad del corto trayecto, relata, él le puso la mano en la pierna y, cuando llegó a su edificio, la llevó hacia una entrada lateral y le dijo que se detuviera. “Se inclinó e intentó besarme”. Ella declinó, diciendo que tenía otros planes.

Varias semanas después, recuerda, Domingo se le acercó una noche en la que sabía que se tenía que quedar hasta tarde. Le dijo: “He estado tratando de que trabajes en este aria conmigo durante semanas. Realmente quiero escucharte cantar este papel. ¿Puedes venir a mi apartamento y ensayaremos este aria?

Recuerda que el tono del tenor era diferente, sonaba impaciente. 

“Parece una locura decirlo, pero parecía que había invertido tanto tiempo en esta búsqueda que estaba molesto conmigo”, asegura. “Sentí que había alargado esto y lo había evitado durante seis semanas y él es Plácido y él es mi jefe y me ofrece trabajar en este papel”. Finalmente, ella fue a su apartamento, donde él le puso dos copas.

“Se sentó al piano de cola y cantamos este aria, y trabajamos en ella”, cuenta. “Y él me dio consejos y fue muy elogioso”. Pero “cuando terminó, se puso de pie y deslizó su mano por mi falda, y fue entonces cuando tuve que salir de allí”.

La mujer asegura que Domingo la siguió al pasillo, le rogó que se quedara, luego hizo un gesto hacia abajo y le dijo que le quedaban “dos horas”, lo que ella creía que era una referencia a una droga para el rendimiento sexual.

De vuelta en su automóvil, se quedó en estado de ‘shock’ “durante mucho tiempo” hasta que sintió que podía conducir, explica.

“Me fui a casa, estaba aterrorizada de volver al trabajo”, asegura. “Estaba petrificada por el miedo, por el contrato”.

Desde entonces, ha cantado en la Ópera Metropolitana de Nueva York, la Ópera de San Francisco y en otros lugares, pero nunca más ha sido contratada para cantar en la de Los Ángeles o con Domingo.

“He sido dura conmigo mismo por un tiempo”, dice la cantante. “Tener una sesión de entrenamiento con alguien que te ofrece entrenamiento no es consentir al sexo”.

“¿Entiende el riesgo en que me está poniendo?”

Una bailarina que trabajó con la superestrella en varias ciudades también ha contado su experiencia: “Mi historia es excepcionalmente común”.

Dice que un coqueto Domingo la llamaba de vez en cuando por las noches en la década de los 90, dejándole mensajes descarados que escuchaba en estado de ‘shock’ con su esposo.

Domingo le pediría que se encontrara con ella, incluso en su habitación de hotel, pero ella explica que solo fue a almorzar con él, siempre enmarcado como una comida de negocios. Aun así, dice, sus manos se deslizaron también hasta su rodilla, también la cogió de la mano y la besó en la mejilla de una manera que la incomodó.

“Cuando trabajas para el hombre más poderoso de la ópera, intentas tener cuidado, no insultarle y cuidar su ego” 

Bailarina

Ella explica que le espetó: “¿Entiende el riesgo en que me está poniendo, que podría arruinar mi matrimonio, arruinar mi carrera? ¿Entiende lo que hace aquí?”. Pero a él no le importó.

“Cuando trabajas para el hombre más poderoso de la ópera, intentas tener cuidado, no insultarle y cuidar su ego”, recuerda.

Una tarde, cuando trabajaban juntos en la Ópera de Washington, Domingo le pidió que se reuniera para almorzar en el restaurante de su hotel para hablar sobre el trabajo. Después de la comida, sugirió que caminaran al ensayo, pero dijo que primero debía detenerse en su habitación.

“Me lleva a su habitación, aparentemente para recoger sus cosas, y me invita a entrar”, explica. “Y comienza a abrazarme y besarme”. Ella se apartó y le insistió que debía ir al ensayo.

“Cuando quedó claro que no tendría sexo con él, simplemente me acompañó al ascensor y regresó a su habitación”, dice. “Las puertas del ascensor se abrieron y yo me caí. Simplemente me caí al suelo en el ascensor sudando profusamente”.

Un antiguo administrador de la ópera señala que sabía desde hacía años Domingo estaba “persiguiendo constantemente” a la bailarina. 

Una empleada de la ópera que trabajó estrechamente con Domingo ha contado que el tenor era caballeroso y respetuoso, pero confirma que la bailarina se había quejado de haber sido acosada por la superestrella durante años, y que le contó lo sucedido en la habitación del hotel de Domingo. En su opinión, aunque él era persistente, al final tomó el ‘no’ por respuesta.

“Lo que hizo está mal”, defiende la bailarina. “Usó su poder, acechaba a las mujeres, las colocaba en posiciones de vulnerabilidad”. 

“Seguía llamando y dejando mensajes”

Las actividades de Domingo se extendieron más allá de la sala de conciertos, según otra cantante que dijo que lo encontró en Italia durante un viaje de mochilera.

Tenía 20 años en ese momento, la cantante era estudiante y ese verano viajaba por Europa junto a su hermana.

Mientras estaban en Roma, se quedaron en un hotel económico cerca del Campo de Fiori, donde ella cantó en la ducha una mañana con la ventana abierta. El portero de un hotel de lujo cercano gritó para preguntar quién estaba cantando, cuenta, diciéndole que Domingo era un invitado en su hotel y que la había escuchado.

“Dijo que tienes una voz hermosa y quiere conocerte”, le dijo el portero.

Domingo, quien estuvo en Roma ese verano actuando con ‘Tosca’ para una transmisión en vivo en todo el mundo, le envió un mensaje pidiéndole que se reuniera con él alrededor de las 10 de la noche en otro hotel.

Recordó haber entrado en el vestíbulo del hotel y decirle a un empleado que se reuniría con Plácido Domingo. La llevaron al ático, donde se instaló una mesa privada y Domingo salió vestido con una elaborada túnica con forma de disfraz y una camisa blanca ondulante.

“Todo parecía sacado de una película”, recuerda.

Ella le explicó que era estudiante en Juilliard e insistió en que fuera a verlo ese otoño a la Metropolitan, cerca de su escuela en el Upper West Side de Manhattan, para que pudiera cantar para él.

“Dijo que pensaba que podría ayudarme con mi carrera”, explica.

De vuelta en Nueva York, fue a una de las actuaciones de Domingo, luego fue al ‘backstage’, donde él la recordó y le pidió su número de teléfono.

“En ese momento, estaba enamorada de toda la situación y emocionada de conocer a esta persona realmente famosa con una voz increíble”, asegura. “Entonces comencé a recibir llamadas telefónicas”.

“Él hablaba con esa voz infantil que era coqueta”, recuerda. “Quería venir a mi apartamento, y eso fue extraño”.

“En Italia y en el Met, el gancho fue: ‘Quiero escucharte cantar. Puedo conectarte con la gente. Una vez que comenzó a llamar, fue solo: ‘Quiero verte. Quiero conocerte ‘”, explica.

Ella explica que le contó a un amigo lo que pasaba y este le advirtió que se mantuviera alejada de él.

“Era tenaz. No dejó de llamar y llamar y llamar. Las primeras dos veces, lo pospuse. Entonces se puso pesado. Seguía llamando y dejando mensajes. Me asusté”, afirma.

Hasta que le dijo a un compañero de clase que contestara su teléfono. Domingo nunca volvió a llamar.

“Era tenaz. No dejó de llamar y llamar y llamar. Las primeras dos veces, lo pospuse. Entonces se puso pesado. Seguía llamando y dejando mensajes. Me asusté”

Cantante

“Fue la muerte del héroe”

Otra soprano relata que sentía que había alcanzado el pináculo de su carrera cuando surgió la oportunidad de trabajar con Domingo en el Met en el 2002. Domingo era su ídolo. Su voz rica, fascinante y conmovedora la había inspirado a convertirse en cantante de ópera. Luego, en sus 40 años, su objetivo profesional había sido durante mucho tiempo trabajar con él.

Ella recuerda haberse sentido eufórica cuando él la elogió cantando, tomando su rostro en sus manos después de una actuación y diciéndole: “Me has conmovido. Su actuación me conmovió “. Era director artístico de las óperas de Washington y Los Ángeles y le dijo:” Voy a encontrar trabajo para ti. Hago muchos conciertos. Y les pido a mis cantantes favoritos que se unan a mí”.

“De repente había unos labios mojados sobre los míos. Fue un beso húmedo y viscoso”

Soprano

Una noche en el intermedio, explica, Domingo llamó a la puerta de su camerino y conversaron sobre la presentación antes de que él se moviera para despedirse de ella. “Le di la mejilla y él, en cambio, volvió la cara y besó mis labios”, dijo la soprano. “De repente había unos labios mojados sobre los míos. Fue un beso húmedo y viscoso”. Cuando él se apartó, le preguntó: ‘¿Entiendes?'”

“Sí”, respondió la soprano. “¿Realmente lo entiendes?”, le dijo Domingo nuevamente, acariciando su mejilla. “Sí, lo entiendo absolutamente”, le dijo ella.

“Eso es todo lo que dije. Pero para mí, fue la muerte del héroe. Esa fue la muerte de mi sueño”, asegura. Le puso solo la mejilla y ya no le miró a los ojos.

“Él tuvo clara la idea de que no iba a cooperar. Y nunca más me persiguió”, cuenta. A pesar de las declaraciones anteriores de empleo futuro, señala que nunca más le pidió que trabajara con él.

La fama de Domingo son bien merecidas, asegura, y el mundo de la ópera se ha beneficiado de su tremendo talento como cantante e intérprete. “Él tiene alma cuando canta, y esa alma está allí en medio de este abuso de poder”, asegura.

Haciéndose eco de lo que dicen las otras mujeres que lo acusan, asegura que sintió el conflicto interno de dañar la reputación del legendario cantante, pero quería que él supiera que su comportamiento era incorrecto.

“No es que quiera que sea castigado. Quiero que sea consciente. Quiero que tenga la oportunidad de saber exactamente el tipo de daño, emocional, psicológico, profesional y de otro tipo, del que es responsable”, dice.

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