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Los carburantes intoxican África


Cuando el cielo se pone gris y anuncia lluvia, todas las motos y coches que se encuentran en las carreteras de Bamako, la capital de Malí, deciden irse rápidamente antes de que la tormenta torrencial comience a inundar la ciudad. Ocurre a menudo que las prisas por protegerse crean el caos en el asfalto haciendo que incluso haya quienes tomen sentido contrario. Un coche se salta un semáforo, otro prefiere tomar un atajo que también han decidido 10 vehículos más, el transporte público intenta adelantar cortando la circulación del resto de conductores, la policía no sabe cómo gestionar que un camión haya quedado atravesado entre dos carriles y un joven les echa un cable, a pesar de no ser su trabajo, mientras una moto intenta huir de aquel jaleo cruzando al carril de enfrente. Resultado: atascos interminables con bocinas como banda sonora y con olor a combustible quemado. Y humos. Humos de toda la gama de grises hasta llegar, incluso, al negro. Mientras los conductores están preocupados por salir de aquel percal lo que realmente debería preocuparles pasa desapercibido a sus ojos.

La organización suiza Public Eye publicó el jueves 15 de septiembre un informe en el que advierte que los combustibles vendidos en África estarían estrictamente prohibidos en Europa debido a que el límite de azufre en su composición es superado varias centenas de veces. Las consecuencias para la salud son conocidas desde hace tiempo y es por eso que en Europa y Estados Unidos el límite permitido es de 10 partes por millón (mg/kg) y 15 mg/kg, respectivamente. En el continente africano, sin embargo, la cantidad de azufre se eleva en 2.000 mg/kg, es decir, 200 veces por encima del nivel autorizado en Europa. En países como Malí o Congo-Brazzaville, la cantidad aumenta hasta 10.000 mg/kg.

“Jamás había visto esto. Es extremo. ¿Lo habéis encontrado en una gasolinera? ¿De dónde puede venir? Ah, de África…”. Así reaccionó el responsable de un laboratorio al analizar las muestras que obtuvo Public Eye durante una investigación de tres años en ocho países africanos, a saber, Angola, Benín, Congo-Brazzaville, Costa de Marfil, Ghana, Malí, Senegal y Zambia. En total fueron analizadas 25 muestras de diesel y 22 de gasolina en búsqueda de las sustancias más nocivas: azufre, compuestos aromáticos, benceno, clasificado como cancerígeno, y ciertos metales como el manganeso.

Para fabricar la gasolina se utiliza el petróleo, oro negro que África exporta en bruto y de calidad. Sin embargo, la mezcla de componentes necesaria para su fabricación se realiza en Europa y EEUU y se importa al continente africano como “carburantes tóxicos”. A la técnica de mezclar componentes se le conoce comoblending y es “una práctica ordinaria y legítima”. Sin embargo, se convierte en “ilegítima cuando consiste en producir deliberadamente un carburante tóxico, con alto contenido en azufre, para maximizar sus beneficios aprovechando la debilidad de la reglamentación en vigor en ciertos países”, señala Public Eye. Y esto es precisamente lo que ocurre con la mayoría de los países africanos.

“Estamos muy satisfechos del desarrollo de nuestra red en Malí. Esto nos permite ofrecer carburantes y lubricantes Oryx Energies de excelente calidad a un creciente número de particulares y profesionales en el país, creando además empleos. La energía y el empleo son pilares del desarrollo social y económico”. Estas fueron las palabras de Jean Claude Gandur, presidente de la sociedad madre AOG cuando se inauguraron el pasado mes de mayo 16 nuevas gasolineras Oryx en este país africano. A pesar de que los responsables de ésta y otras empresas venden sus productos como “de excelente calidad”, según el informe presentado por Public Eye, los test realizados por la organización en las gasolineras de esta empresa en Malí contienen 3.780 mg/kg. En el negocio de los carburantes se utiliza un nombre cínico para describir lo que vende en el continente: “calidad africana”.

Un aire que enferma

Las ciudades del África subsahariana están creciendo rápidamente y se espera que de aquí a 2050 su población se triplique, aumentando el número de vehículos a cuatro o cinco veces más. A pesar de que, en la actualidad, hay menos coches en África que en Europa, según los estudios realizados en 2008 por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la contaminación de partículas finas, causada en gran medida por los vehículos, era ya entonces cinco veces superior en Accra, la capital de Ghana, que en Londres o Ginebra. Según el informe, en la actualidad, la calidad del aire es peor en Dakar (Senegal) y en Lagos (Nigeria) que en Pekín. Los motivos de esta paradoja son dos. Por un lado, la mayoría de los coches que circulan en África subsahariana son importados de ocasión de Europa. De hecho, en África Occidental, en torno al 85% son de segunda mano. Este tipo de vehículos consume más carburante y no están equipados con las últimas tecnologías de control de emisiones así que contaminan “más de lo necesario”. Por otro lado, la alta contaminación se debe a la calidad de los carburantes utilizados.

Así, según señala Public Eye, “incuso si África renovara la totalidad de sus vehículos en beneficio de coches nuevos, la calidad del aire de sus grandes ciudades no mejoraría considerablemente mientras que el diesel y la gasolina con alta composición en azufre continuara siendo vendida”. Y es que, la corrosividad del azufre es tal que destruye las tecnologías de control de las emisiones, como catalizadores y filtros de partículas, dejando vía libre para que estas entren en los pulmones provocando cáncer y enfermedades cardiovasculares.

“Vemos a mucha gente con problemas respiratorios en nuestra clínica”, explicó a Public Eye, Daouda Diabaté, una enfermera que trabaja en Abiyán, la capital económica de Costa de Marfil. “Además de asma vemos cómo la contaminación del aire provoca problemas en la garganta a nuestros pacientes”, explicó remarcando que muchos de ellos son niños. Asimismo, según el PNUMA, las consultas por infecciones respiratorias agudas fueron la segunda causa de visitas al hospital en Accra (Ghana) en 2014.

Desde el punto de vista económico, bajar el contenido de azufre de los carburantes no supondría un coste prohibitivo para los africanos. Ejemplo de ello son cinco países de África del Este que, sin aumentar el precio de los carburantes, bajaron el límite de azufre a 50 mg/kg desde 2015: Burundi, Kenia, Uganda, Ruanda y Tanzania. Además, según el Banco Mundial, bajar el contenido de azufre a 50 mg/kg permitiría un ahorro en diez años de 7 mil millones de dólares en salud en África subsahariana y, según estima la organización que ha realizado el informe, si se adoptara un estándar estricto sobre la composición de los carburantes que se utilizan en África podrían evitarse más de 100.000 muertes de aquí a 2050.

Fuente: El Mundo


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